De qué va el ser verde

Por desgracia algunas voces, incluso a veces con buenas intenciones y dentro de movimientos pro-sostenibilidad, presentan el movimiento verde como algo feo e inhumano. 
Hoy estaba volviendo en tren de Cronulla, dónde acababa de presentar un diseño a un fabricante. En el asiento quedaba una copia del periódico “Daily Telegraph”, y por lo pronto me puse a echarle un vistazo. Resulta que las paginas centrales los dominaba un gran artículo de opinión a dos páginas y todo color titulado de qué va ser verde
 
En el artículo hablaba de una fundación contra el cambio climático que había producido un anuncio soez, dónde literalmente reventaban a gente que se negaban a implementar las medidas que predicaba la fundación. El video es de muy mal gusto por decirlo de manera suave…
 
Lo que me chocó sin embargo fue que el artículo en seguida argumentaba que los ecologistas son unos asesinos deseando matar a gente, reducir la especie humana y cuando no se les puede matar, “provocar gran sufrimiento” mediante el incremento de los costes energéticos que, cito “obligaban a la gente a calentarse en invierno durmiendo con sus gatos”. 
 
Los argumentos que soltaba eran tan surrealistas que provocaban risa en vez de enfado, aunque también un poco de tristeza sobre lo bajo que pueden llegar a caer los medios de comunicación de masas. 
 
Lo que es más serio es que ese artículo no es otra cosa que el extremo ridículo de una mentalidad errada acerca del ecologismo. Eso es, que ecologismo es igual a renunciar calidad de vida, sacrificarse, más oscuridad, más frío, es caro, ineficiente, … e incluso una mentalidad de que cuantas menos personas haya en el planeta: mejor. A menudo parece que el ser verde trata de hacer una especie de penitencia por los males que causamos indirectamente para tener lo que tenemos. 
 
Es cierto que el tipo de sociedad desarrollado que tenemos es insostenible, que muchos problemas ambientales se podrían limitar fácilmente con menos despilfarro y de que la sobrepoblación produce enormes presiones sobre los recursos. 
 
Pero la propuesta fea e inhumana no es del ecologismo, sino de la industria establecida… que desea mantener su forma de hacer y el estatus quo y ve que la manera de hacerlo es con más eficiencia, menos uso de recursos, etc. Veamos el siguiente símil. 
 
El razonamiento es el siguiente: Si vemos que nuestro niño tiene los huesos rotos y está lleno de moratones por las palizas que le damos educándolo… peguemosle menos, y seamos más eficientes en las palizas dándoselos en el momento adecuado. Inevitablemente, suponemos que para conseguir educación (símil calidad de vida) hay que repartir hostias (símil destrucción ambiental). 
 
Esta mentalidad no se plantea que existen otras formas de conseguir nuestros objetivos que no tienen efectos secundarios horribles… Es cierto que a veces son más difíciles y los resultados menos inmediatos, pero indudablemente son mejores. También son más sofisticados y pueden requerir un mejor entendimiento de la psicología del alumno (o el sistema en el que estamos trabajando). 
 
Ser verde no trata de tener menos, sino de tener mejor. No trata de hacernos sufrir, sino de evitar sufrimiento. 
 
En vez de productos que vienen con precios ocultos y causan problemas más graves tras su uso del que resolvían… ¿por qué no productos cuyos deshechos alimentan otros sistemas y tienen efectos secundarios positivos en cada fase de su ciclo de vida? Esto se puede hacer a la vez que cumplen su función principal.
Si los productos y sistemas se diseñan así… más es mejor. 
 
Volviendo al artículo que inspiró este… ¿alguna vez has dormido con un gato?

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